Mientras el mundo tiene los ojos
puestos en la escalada militar entre la administración Trump y Teherán, una
hipótesis debe ser descifrada: ¿y si la destrucción de la Mezquita Al-Aqsa no
fuera el objetivo final, sino el catalizador de una descomposición programada
del mundo musulmán?
Este artículo propone una lectura estructurada
según la milthasofía y el PARDES (PRDS), el PaRaDiS en persa — Peshat, Remez,
Derash, Sod — una herramienta hermenéutica ancestral que permite atravesar los
cuatro niveles de realidad de un mismo evento, del más visible al más profundo.
Santo Tomás de Aquino había introducido, hace mucho tiempo, los cuatro niveles
de lectura como base de la escolástica, ilustrados por la célebre fórmula: «Littera gesta docet, quid credas allegoria,
Moralis quid agas, quo tendas anagogia», que significa «La letra enseña los hechos, la alegoría, lo
que debes creer, la moral, lo que debes hacer, la anagogía, hacia dónde debes
tender». En
mi obra profundizo este punto que ha sido borrado de la memoria cristiana.
PESHAT — LA SUPERFICIE: TRUMP CONTRA
IRÁN
En el nivel del Peshat — el sentido
literal, lo que todo el mundo ve — la situación es clara: la administración
Trump se ha comprometido en una confrontación abierta con Teherán para
impedirle adquirir el arma nuclear. Las declaraciones oficiales, las sanciones,
los movimientos militares en el Golfo — todo converge hacia ese objetivo
declarado.
Es el relato dominante. El que
transmiten los medios mainstream, el que defienden las cancillerías
occidentales. No es falso — es incompleto.
REMEZ — LA ALUSIÓN: LA IMPLOSIÓN
AMERICANA
El Remez — el nivel alusivo — invita a
leer entre líneas. Los Estados Unidos están al borde de una implosión
financiera y social sin precedentes desde la Gran Depresión. La deuda pública
supera los 35 000 millardos de dólares, la cohesión social está fracturada, y
la credibilidad del dólar como moneda de reserva mundial está siendo
cuestionada. Más de 9 000 millardos de $ en bonos del tesoro deben ser emitidos
este año, lo que será imposible.
En este contexto, una guerra en
Oriente Medio no es solo geopolítica — es económica. Desestabilizar Irán,
asegurar las rutas petroleras, y posicionar a los Estados Unidos como primer
productor mundial de petróleo y gas, es intentar quemar la mesa para salvar las
cartas. El caos exterior como válvula de escape a la implosión interior: es una
estrategia tan vieja como los imperios y que fracasará arrastrando a la
humanidad hacia un caos financiero nunca visto y la guerra de todos contra todos.
DERASH — LA INTERPRETACIÓN: DIVIDIR
PARA SALVAR
El Derash — el nivel interpretativo —
revela una lógica estratégica más profunda: fracturar el mundo musulmán para
salvar a Israel. El método no es nuevo — tiene un precedente documentado.
El 22 de febrero de 2006, una
explosión devastó la cúpula dorada de la Mezquita Al-Askari en Samarra, Irak.
El atentado, nunca plenamente esclarecido, fracturó instantáneamente la unidad
nacional iraquí y precipitó una guerra civil sunita-chiita. Tocar Al-Askari era
apuntar al corazón de la escatología chiita — el mausoleo del 11.º Imán,
Al-Hasan al-Askari, padre del Mahdi esperado.
Veinte años después, la misma mecánica
podría aplicarse a una escala incomparablemente mayor. Si Irán es señalado como
responsable de la destrucción de Al-Aqsa en el caos de una guerra abierta — ya
sea por atribución real o fabricada — la fractura sunita-chiita se inflamaría a
escala mundial. Sería voltear al mundo musulmán contra sí mismo en el preciso
momento en que se esperaría una solidaridad en torno a Al-Aqsa.
SOD — EL SECRETO: LA FINALIDAD
ESCATOLÓGICA
El Sod — el nivel del secreto, del
misterio — revela la finalidad última: el verdadero objetivo es Al-Aqsa, y el
propósito es la reconstrucción del Tercer Templo. Es aquí donde la lógica
gematríca de los actores milenaristas entra en escena — no como herramienta del
analista, sino como sistema de pensamiento documentado de quienes planifican
desde esa perspectiva.
Instituciones como el Temple Institute
en Jerusalén — cuyos miembros tienen vínculos públicos con la actual coalición
gubernamental israelí — operan en un marco teológico donde las fechas y los
números tienen un significado profético directo. La gematría, disciplina hebrea
de reducción numérica de las palabras, es su lenguaje operativo.
Cinco convergencias verificables se
perfilan:
- El atentado de Samarra tuvo lugar el 22 de febrero —
es decir, 11+11 en gematría, número de la dualidad cumplida.
- El objetivo era el mausoleo del 11.º Imán chiita,
Al-Hasan al-Askari.
- En gematría, Al-Aqsa = 7 (223 → 2+2+3) y Al-Askari =
4 (391 → 13 → 4). Es decir, 7+4 = 11, la firma numérica común a ambos
lugares santos.
- La suma de los dígitos del 28/02/2026 — fecha
simbólica de esta escalada — da 2+8+0+2+2+0+2+6 = 22, es decir, 11+11. La
misma firma que Samarra.
- Según el calendario chiita iraní — cuyo Ramadán 2026
comienza el 17 de febrero — el 28 de febrero corresponde al 11.º día del
Ramadán. El objetivo es chiita; es por tanto lógicamente el calendario
iraní chiita el que se aplica. El 11 de marzo de 2026 es la segunda fecha
clave pues corresponde al 22 de Adar 5786, nuevamente un 11 y un 22 (11 +
11). Más llamativo aún, Adar en gematría tiene un valor numérico de 205 y
205 + 11 = 216 es decir 6x6x6, el famoso 666 cuyo GRAN secreto revelo en
mi obra. Para quienes tengan dudas, recuerdo que la Primera Guerra Mundial
terminó el 11-11-1918 a las 11 horas y que el atentado de la estación de
Atocha en España tuvo lugar el 11-03-2004, es decir 1+1+3+2+4 = 11!!!
No es el analista quien lee estos
códigos: son los propios actores quienes operan con esta lógica, documentada en
su literatura teológica. El Temple Institute ha hecho públicos además planos
arquitectónicos completos del futuro Templo, así como la formación de cohortes
sacerdotales — una preparación activa, no simbólica.
LA CONCIENCIA COMO ÚNICO ESCUDO
Atravesar estos cuatro niveles — del
Peshat al Sod — no es un ejercicio académico. Es reconocer que un mismo evento
puede ser a la vez una operación militar, una maniobra financiera, una
estrategia de división, y el cumplimiento de una visión escatológica. Estos
niveles no se excluyen: se superponen.
La historia de Samarra nos enseñó que
la confusión sobre la atribución de un atentado puede ser más devastadora que
el propio atentado. En un contexto de crisis máxima, la primera pregunta que
hay que hacerse no es «¿quién golpeó?» sino «¿a quién le beneficia el caos que
sigue?»
La mejor protección contra este tipo
de operación no es militar. Es epistemológica: saber leer los cuatro niveles de
un evento antes de que la emoción cierre la posibilidad de pensar. El PRDS no
es solo una antigua herramienta hermenéutica — es, en este contexto, un acto de
resistencia intelectual.


